Me diste tus años de dulce alegrìa, pompòn de canela, corazòn de miel,
compañero de noches, de días muy tibios, silencio y cariño que en ti encontré.
Te quería eterno jugando a mi lado, ni eterna es mi vida, que tonta que fui,
te fuiste de golpe para no lastimarme, tu tiempo cumplido te puso el final.
Bajo la misma higuera que pasamos las tardes, hoy cuida tu cuerpo una toga marrón.
Tal vez tu almita vuelva en otro cuerpito, para compañìa de mis años viejos.
Hoy mucho te extraño mi cachorro invaluable, me cuestan los dìas,
me cuestan las noches, pero sé que descansas criatura de Dios.
Con tanta bondad, con tanto cariño que ellos nos brindan,
maldito es el ser que les hace maldad.
Hasta siempre amiguito, hasta siempre mi Billy,
guardado en mi alma por siempre estarás…!


